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Araceli Otamendi

Literatura por Selmo Vasconcellos em 2015-12-14 22:14:44

                

Araceli Otamendi (Quilmes, Provincia de Buenos Aires) es una escritora y periodista argentina . Vive en la ciudad de Buenos Aires.  Su obra está compuesta por  novelas policiales, cuentos, ensayos, entrevistas y  crónicas. Es directora de la revista digital de cultura Archivos del Sur y de la revista infantil Barco de papel, fundadas por ella en el año 2002. Su novela policial Pájaros debajo de la piel y cerveza ganó el Premio Fundación El Libro-Edenor en el marco dela XX Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Publicó la antología Imágenes de New York, presentada en el Centro Español Rey Juan Carlos I en NY en el año 2000. Algunos de sus cuentos han sido traducidos al inglés, italiano, coreano y rumano y han sido publicados en diversas antologías nacionales e internacionales, en periódicos y revistas. Fue Directora de talleres literarios dela Sociedad Argentina de escritores (2002-2003).Es miembro del  Consejo editorial de la revista de cuento breve ilustrado Entropía (Barcelona).En  2010 y 2012 representó ala Argentina en las III y V Jornadas Internacionales de Mujeres Escritoras en San Pablo  y en San José de Rio Preto (Brasil). Ha traducido cuentos y textos  de escritoras brasileñas al español. Publica entrevistas, cuentos, ensayos y crónicas en revistas y suplementos literarios de Argentina  y de otros países.

En 2013 publicó la novela policial Extraños en la noche de Iemanjá, en formato e.book en la revista de cultura Aurora Boreal que se edita en español desde Dinamarca www.auroraboreal.net

Ha sido y es jurado de numerosos concursos literarios nacionales e internacionales, organizados por la revista Archivos del Sur y Barco de papel, porla Sociedad Argentinade Escritores y otras instituciones  y en 2012 del concurso Nacional de cuento Gonzalo Delfino, organizado  porla Biblioteca Berwynde Gaiman, Provincia del Chubut, Argentina, organizadora dela Feria Provincialdel Chubut y Patagónica del Libro.

También ha  pronunciado conferencias sobre la tradición literaria argentina, la novela policial, la literatura latinoamericana, las escritoras y la novela policial,  la literatura y las  nuevas tecnologías, las revistas culturales, entre otros temas, enla Feria Internacionaldel Libro de Buenos Aires, Feria Provincial del Chubut y Patagónica del Libro, encuentros de escritores, enla Bibliotecadel Congreso dela Nación, enla Biblioteca Nacionalde Chile, en las Jornadas Internacionales de Mujeres Escritoras en San Pablo y en San José de Río Preto, Brasil. Ha sido invitada porla Asociación Belgade Buenos Aires, y otras entidades.

más información:

http://revistaarchivosdelsur.blogspot.com/p/araceli-otamendi-escritora-y-periodista.html

SELMO VASCONCELLOS – Quais as suas outras atividades, além de escrever ?

ARACELI  OTAMENDI – Además de escribir, dirijo y edito dos revistas culturales en forma digital: Archivos del Sur y Barco de papel (infantil); Fundé estas dos revistas en el año 2002 y desde ese momento las edito en forma ininterrumpida.

Además, también dibujo y pinto y tomo fotografías, en general para ilustrar cuentos que publico en las revistas, generalmente de otros autores, y también he ilustrado para otros escritores en un portal de escritores y artistas de otro país.

SELMO VASCONCELLOS – Como surgiu seu interesse literário ?

ARACELI  OTAMENDI – A los siete años empecé a escribir poemas en forma espontánea y eso llamó la atención de la maestra y también en mi familia. Mi abuelo me regaló el libro “Alicia en el país de las maravillas” y me di cuenta que iba a escribir, quería escribir otras cosas, me gustaban mucho los cuentos y relatos, también el teatro  y siempre escribía un diario, poemas, relatos, era algo bastante secreto. Hasta que ya adulta empecé a concurrir a talleres literarios, cuandola Democracia retornó ala Argentina.

SELMO VASCONCELLOS – Quantos e quais os seus livros publicados ?

ARACELI  OTAMENDI – Publiqué en 1994 la novela policial “Pájaros debajo de la piel y cerveza” que ganó el Premio Fundación El Libro, en el marco dela Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Y este año la novela policial “Extraños en la noche de Iemanjá” en formato e.book, en la revista cultural Aurora Boreal (www.auroraboreal.net) que se edita en español desde Dinamarca.

A lo largo de los años he publicado cuentos, crónicas, relatos, ensayos en revistas culturales y suplementos literarios dela Argentinay de otros países, y también en antologías nacionales e internacionales.

SELMO VASCONCELLOS – Qual (is) o(s) impacto(s) que propicia(m) atmosfera(s) capaz(es) de produzir poesias ?

ARACELI  OTAMENDI – Para escribir cuentos o relatos, e incluso novela, necesito una imagen, puede ser que haya surgido en un sueño, o algo que me llamó  la atención porque vi un paisaje o una escena, como me pasó con la novela “Extraños en la noche de Iemanjá”. Empecé a escribirla porque me había quedado en la memoria la escena de una playa de noche, donde las personas encendían velas en la arena y arrojaban flores blancas al mar, mientras rezaban. Eso fue en una playa del Uruguay. La tuve algún tiempo en la memoria y un día empecé a escribir la novela.

SELMO VASCONCELLOS – Quais os escritores que você admira ?

ARACELI  OTAMENDI – Hay muchos escritores que admiro. Entre los argentinos están Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Roberto Arlt, Silvina Ocampo, María Esther de Miguel, Rodolfo Walsh, Olga Orozco, Ricardo Güiraldes, José Hernández, Ricardo Piglia y varios más. Entre los autores que no son argentinos hay muchos: Paul Auster, Michel Houellebecq, Marguerite Yourcenar, Simone de Beavoir, Patricia Highsmith, Clarice Lispector, Lygia Fagundes Telles, Vinicius de Moraes, Martin Amis, Isabel Allende, Roberto Bolaño, Pablo Neruda, Sue Grafton, Fernando Pessoa, Henry Miller, Javier Marías, Fernando Savater, Flora Tristán, Joyce Carol Oates, Shakespeare, Chesterton, Sor Juana Inés dela Cruz, Juan Carlos Onetti, Marosa di Giorgio, Idea Vilariño y muchos más.

SELMO VASCONCELLOS – Qual mensagem de incentivo você daria para os novos poetas ?

ARACELI  OTAMENDI – Para los nuevos escritores, los que emprenden la ardua tarea de escribir, les digo que escribir no es sólo trabajo de un día, se necesita inspiración y mucho trabajo, mucho empeño y también leer mucho a grandes escritores y a los escritores que nos gustan, que nos da placer leer.  Y también, como decía Picasso, la inspiración llega pero debe encontrarte trabajando.

CONTO

Colores

Enfrente de mi casa hay un árbol con flores color violeta. Lo veo cuando me asomo a la ventana del living, lo veo al salir del edificio de departamentos donde vivo. Hay mucho verde ahí y también muchos árboles, hay un parque. En el parque hay muchos perros, los llevan en grupos de seis, de diez, hasta de dieciocho perros, atados con correas,el que los pasea se llama paseador. Desde hace algunos años hay paseadores de perros en Buenos Aires, personas que se encargan del trabajo que los dueños no pueden o no quieren hacer. A los paseadores se les paga,dicen que muy bien. A los perros habría que preguntarles qué tal la pasan, pero ellos no hablan y sólo ladran o gritan o aúllan,  a veces tienen calor, los tienen atados a los árboles. A algunos los dejan correr sueltos por el parque y otros perros se pelean, se corren el uno al otro y ladran al grupo de perros que tienen enfrente y que parece un grupo rival.Nada de eso me conmueve hoy, camino por la vereda mojada, ha llovido hace un rato, hay  un perro chiquito calzado con botitas. Las botitas son de color marrón, el perro lleva impermeable. Le pregunto a la dueña o a la mujer que lo lleva, si le ha enseñado al perro a caminar con botas. No, me dice, pero el perro recién sale de la peluquería, está bañado, con el pelo seco y peinado y no quiere que se ensucie. Cruzo la calle, puro asfalto negro y me detengo para cruzar la avenida: hay muchos ómnibus, autos,  tendré que esperar a que el semáforo esté en verde. Hay muchas personas que esperan para cruzar  y muchas personas que viajan en los ómnibus. Cruzo la avenida, ya estoy en otra plaza, esta está cercada por rejas y tiene juegos infantiles y también un sector para perros. Pero aquí hay muchos menos perros que en el parque, porque ahí retozan en cambio en esta plaza no pueden hacerlo. Hay personas que caminan apuradas y autos que circulan a toda velocidad. Hay perros exóticos y personas de caras extrañas y también exóticas, seguramente extranjeros que han venido a vivir a Buenos Aires ¿durante un tiempo? No lo sé, ¿lo sabe alguien? Camino una, dos cuadras, me detengo en los negocios que ofrecen pescado, joyas, perfume, lotería, bar, ropa, alfombras, y hay uno que me llama la atención más que los otros: el color frutilla, fucsia. Me detengo durante algunos minutos en la vidriera: la ropa, los juguetes, los adornos, todo es de color rosa o fucsia. Decido entrar. hay muñecas de plástico y vestidos para niñas, carteras, pañuelos, siempre dentro de la gama rosa, fucsia. Creo que también hay un aroma a chicle rosa, camino por ahí, es un decorado digno de una casa de muñecas tamaño natural. Le pregunto a una vendedora desocupada si toda la tienda está dedicada a las muñecas y me mira casi con asombro. Creo ver una sonrisa sarcástica en su cara y me contesta: Sí, por supuesto.

¡Enhorabuena! pienso, aunque tal vez no sea este el adverbio que pienso. Tal vez pienso otra cosa, tal vez me indigna ver ese lugar destinado a las niñas que bien podrían estar jugando en el parque entre las flores, corriendo, saltando o divirtiéndose con muñecas pero no así, en ese artificio, dentro de ese lugar. Descubro que además hay una peluquería y un café ahí adentro, como una casa encantada donde solo faltan las hadas y los gnomos, pero si estuvieran ahí ¿cómo serían? No quiero aguarle la fiesta a nadie pero algunos deberían dejar que los niños usen la imaginación para jugar y no darles todo dentro de la caja con moño. La estupidización es mayor cuando veo a las madres entrar a comprar “cositas” de color fucsia al negocio: vestiditos, remeritas, carteritas, y salen con la bolsita de la compra y hablando, gesticulando encantadas con la última adquisición para las niñas. Ya se encargarán las niñas cuando crezcan de echárselo en la cara: Mamá, vos no tenías tiempo para mí, no me leías jamás un cuento, podrías haber coloreado un dibujo con témperas junto a mí, mamá, mamá, mamá. Me voy de ahí al negocio de la esquina donde hay un cartel verde que dice “Café” y promete ser aromático. Es un bar dedicado a esa bebida que no dejaba dormir a las cabras cuando masticaban los granos de la planta. Yo también quiero tener insomnio para poder escribir más y no pensar. El café, hay de varios tipos, me dice la moza que me atiende: ¿Cuál quiero tomar? No lo sé, no sé elegir entre tantos tipos de café: Dígame usted, contesto y ella elige. Tampoco me importa mucho, el café es de color marrón y está bien caliente. Le agrego un poco de leche que han traído en una pequeña jarra blanca. El color del líquido de la taza se convierte en un color clarísimo. Casi en el color piel de la camiseta que la abuela de mi padre me tejía para enfrentar cada invierno, en lana finita, casi invisible pero ¡qué abrigo! Después que ella dejó de tejer cada invierno esas camisetas y se fue de este mundo, no he podido encontrar ese color de la lana en ningún otro objeto. Termino de beber el café y leer el diario y me voy. Salgo a la esquina donde da el sol, ahora ha salido el sol y brilla y produce una especie de arcoiris en los charcos de agua de la calle. Y cuando voy a cruzar la calle me detengo porque un globo rojo y brillante se ha soltado de la mano de alguien y corro para que un auto no lo aplaste y veo al niño cómo corre por la vereda con el delantal del jardín de infantes, se ha soltado de la mano de la mujer que lo lleva y que también empuja un cochecito con un bebe y tomo el globo, durante unos segundos lo sostengo de un hilo tan poco fuerte y en unos segundos pasará a la mano del niño, se lo doy y el niño me mira con los ojos azules bien abiertos y yo miro los reflejos en los ojos del niño y sigo, sigo caminando como si ese día fuera único —y lo es—, como si los colores existieran siempre, como si siempre los viéramos, como si el color claro de la camiseta que la abuela de mi padre tejía volviera a aparecer alguna vez, como si los perros caminaran descalzos como perros y los niños jugaran al aire libre como niños, como si la sonrisa de ese niño con el globo se grabara en mi mente como un recuerdo indeleble.

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Javier Ramos

Interesante y valiosa conversacion. Araceli es una dama muy inteligente creativa y muy trabajadora con un alto sentido de la etica.

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